En medio de un mundo de recortes o «precios ajustados a la situación actual» (que suena mejor), hay mucho «emprendedor» de tres al cuarto (al final puntualizo, no se puede generalizar) que pretende poner en marcha un proyecto web abocado desde el principio al fracaso, bien aprovechándose del esfuerzo ajeno, o sin querer pagar a gente preparada en cuestiones fundamentales para la buena marcha de su negocio.
Y así nos va, figuras como consultores (espirituales) que hacen de intermediarios sin la preparación deseada, le dicen al autónomo listillo de turno (perdón, emprendedor) lo que quieren oír. Quizás, ahí radique la primera diferencia, escuchar es un concepto más amplio y para eso tienes que estar preparado a que te digan lo que no te gusta «oír»…
Resulta inquietante ver como proyectos con grandes aspiraciones, toman forma en sobremesas plagadas de conceptos totalmente alejados de la realidad. Creo que la biografía de Steve Jobs (aún no la he leído) ha dejado un legado de visionarios, pero de los que ven visiones muy alejadas de la cruda realidad.
Yo soy de los de Stallman, me van las historias de perdedores y cuando subo a la montaña, no me mato por ser el primero en llegar a la cima. Y aunque no sea un ejemplo a seguir para mi, la mala noticia para esos «empresarios» es que Jobs, sólo ha habido uno.
– «Tengo una idea rompedora, estoy buscando la forma de monetizarla por Internet y se puede poner en marcha casi sin inversión» – (iluminado 1 / Emprendedor – Autónomo de los de toda la vida).
– «¿En serio? ¿de qué se trata? Tengo un contacto de los buenos, montamos la web cagando hostias, controla de todo y anda muy pillado, verás como le interesa – (iluminado 2 / Consultor – espiritual).
La historia continúa buscando un dominio (antes del postre), en el café ya han registrado el Twitter y empiezan a pensar en la cantidad de «amigos» que tienen en Facebook para apoyar su creación. Con la primera copa, uno coge una servilleta y en medio de un estado de clarividencia, empieza a dibujar (todos llevamos un diseñador dentro), mientras el otro no para de decir «lo veo tío, lo veo…», en la última copa se vienen arriba y en sus tweets ya puedes leer el típico «iniciando nuevo proyecto»…
(Se conocen casos en los que junto al dominio, ya contratan un servidor, barato, eso sí, que estamos empezando y total, en el anuncio decía que por 1 €/mes, está todo incluido. Venga, hagamos un esfuerzo y pillamos el de 5).
Después de la «resaca 2.0» y montar un negocio en 3 horas, al día siguiente, uno de ellos (consultor, con mucho espíritu) coge el teléfono y hace la mítica llamada:
– Hola, tengo un proyecto entre manos, estamos empezando tío, pero si la cosa va bien hay pasta para todos. Tenemos todo hecho, el dominio, la web planteada, Twitter, etc, ya te contaré, pero te adelanto que no te llevará nada, meteremos un WordPress y he visto una plantilla que se sale –
El desarrollador que no es tonto, al otro lado de la línea pone cara de «esto me suena» y se toma otro café…
(Mientras tanto, el autónomo ha cambiado a toda hostia sus perfiles y tiene una sensación de angustia hasta que encuentra esa jodida foto de la boda del año pasado en la que aparece con corbata y por fin, consigue ponerla de avatar, hay que dar imagen).
No está de más apuntar que en estos casos, hay un tanto por ciento elevado en los que uno de los iluminados, además es experto en SEO, SEM y administrador de sistemas Cpanel, Plesk y phpMyAdmin…
El desarrollador no lo ve claro y prefiere pasar del tema elegantemente. En otro momento de clarividencia, el consultor (espiritual) le dice al pupilo de Jobs:
– «Da lo mismo, lo monto yo y eso que nos ahorramos» – , el otro dice – «cojonudo, yo voy a ir a un evento de emprendedores a hacer networking», pero primero pasaré por Zara a coger algo de ropa «casual pero formal», eso sí -.
El consultor «consulta» a su cuñado que estudió derecho, sobre el tema legal de la web y controla un huevo, empieza a crear cuentas de correo en el Plesk y como se viene arriba, compra un theme para el WordPress «de los caros» y después de horas de esfuerzo, pone en marcha el plugin del carrito de la compra y consigue entender eso de los menús personalizados… (el emprendedor está negociando duramente con su operadora para conseguir un S3 y un iPhone 5 «por empresa» de forma urgente, después irá al banco para lo de la pasarela de pago y la VISA…).
En una semana ya está todo montado y la «empresa» es una realidad. – «Ha sido duro, pero lo hemos conseguido» – se dicen mientras toman un café (leyendo el Diario Expansión).
En menos de seis meses el sueño finalizó… ¿Cómo acabó? Dejo los 5 presuntos finales a vuestra elección:
1 – Entre tanto networking, salieron dos actualizaciones de seguridad para WordPress, tenían la versión visible y no querían actualizar «por si petaba el diseño». Explotaron un bug y les dejaron K.O. Llamaron al desarrollador y cuando les abrió los ojos, se dieron cuenta que no era algo viable a medio plazo si lo querían hacer bien…
2 – Al consultor «SysAdmin» se le pasó darle al botón de «actualizar» en el Plesk de turno, pero previamente, también se comieron un «micro-update», de esos sobre los que Parallels ni siquiera informa y «los del hosting», les dijeron «algo de unos ficheros .js» que les colaron y un phising de un banco de Brasil, no tenían un backup.
3 – Cuando contrataron el dominio, no se fijaron en que era una marca registrada para Europa y España «había otra web con el «.es», pero joder, era de maquinaria industrial», se lamentó el «emprendedor» que no tenía ni dinero ni ganas para la batalla legal…
4 – Seis meses después, no se pasaban por la web ni los de la familia, gastaban más en enlaces patrocinados por Google «hay que estar arriba» que lo que percibían en concepto de ventas realizadas. Cuando se acabó el dinero, se acabaron las visitas.
5 – Uno de ellos se bajó del carro, (el «consultor») le llamaron de una entrevista para trabajar a media jornada por 400 € al mes y con la intención de ir dándole duro a la web por las tardes, pero entre tanto lío técnico y las facturas, al final consiguió una jornada completa y dejó sólo a su amigo el visionario. No lo encajó mal, le miró a los ojos y le dijo -«bueno, también Jobs lo perdió todo y pasado un tiempo volvió para triunfar ¿no? –
# Disclaimer. Que no se puede generalizar es tan obvio como real es esta historia. Conozco a grandes trabajadores que acabaron siendo destacados emprendedores, algunos «low cost» en cuanto a la inversión en lo económico, pero no en conocimientos y horas computadas. En otro post, os contaré otra historia, la de personas que lo quieren hacer bien desde un primer momento y no dan con la gente adecuada. ¿Sobre el final? irrelevante, lástima de principio…